Skye Humphries es uno de esos bailarines que hace que todo parezca sencillo. Múltiple campeón mundial de Lindy Hop, ha enseñado en más de cincuenta países y es considerado uno de los grandes embajadores del swing contemporáneo. Le encontramos en Madrid, entre clases y sociales.

¿Cuándo supiste que el swing era tu camino?

Fue en una actuación de Frankie Manning que vi cuando era adolescente. Algo en esa alegría, en esa música, me llegó muy hondo. No era solo técnica, era generosidad. El swing te obliga a compartir.

El swing lleva décadas resurgiendo. ¿Por qué no pasa de moda?

Porque es honesto. No te puedes esconder en el swing. Tienes que escuchar a tu pareja, escuchar la música, estar presente. En un mundo que va muy rápido y muy para adentro, el swing te saca de ti mismo. Eso es irremplazable.

¿Qué consejo darías a alguien que empieza?

Que vaya a las sociales antes que a las clases. Que vea a la gente bailar. Que sienta la música. Las clases sin esa base emocional son como aprender gramática sin haber escuchado nunca el idioma.

¿Y a uno que lleva años bailando?

Que escuche más. Siempre hay más que escuchar. En la música, en tu pareja, en tu propio cuerpo. El swing es un idioma que se aprende toda la vida.